domingo, 30 de noviembre de 2014

Martes trece

Y tras la primera noche en vela hubo una segunda, y después del primer amor, un segundo. Pero desde entonces nada había sido lo mismo y mi corazón ya no había vuelto a hacer caso a la razón.
Ya no había razones por las que coger aire después de una carcajada larga, ni razones por las que mantenerse sobria. No había razones por las que dejar la puerta entreabierta para ver si aparecias de madrugada robandome la manta. Ni razones por las que despertarme temprano un domingo, porque ya no había café recién hecho esperándome en la cocina ni tu voz dándome los buenos días.
Hacia ya semanas que se habia esfumado tu olor de mis sabanas, que ya ni me llamabas ni me amabas. Que parecías haberte olvidado completamente de mi. Hacia un par de meses que ya no encontraba tu ropa tirada por mi habitación, ni notas al pie de la cama deseandome un buen día, que te habías tenido que ir, por motivos personales. No había platos en el fregadero de la noche anterior, solo restos de comida precocinada en la encimera de la cocina. Ya no había nada tuyo entre mis cosas, ya no había razones por las que sonreír a media noche. Porque ya no estabas al otro lado de mi cama.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Hasta los tréboles de tres hojas tenían más suerte que yo.

Me sobraban las ganas de todo; desde las ganas de quererte hasta las de matarte. Desde las de contemplar el mundo atraves de la ventana hasta las ganas de mandarte a la mierda cada diario de lluvia.
Parecías hacerme creer que el concepto de que te quería no lo habías entendido, pero la que no entendía era yo. Más perdida que un hijo de puta en el día del padre, te buscaba entre las sombras de la penumbra, te llamaba y nunca respondias. Y me pasaba las noches pensando si todo esto era por mi culpa. Si yo era la responsable de las broncas y las lloreras hasta las tantas de la madrugada.
Me paseaba por el tejado antes de irme a casa, como quien pasea por la playa, y jugaba con la frágil línea entre la vida y la muerte, asomandome al borde y mirando la acera. Y me sentaba allí, fumandome hasta las letras con la excusa de no querer entrar en casa y con la razón de pensarte.
De pensarte hasta los defectos, y los no defectos. Desde tu risa hasta tu manía del pelo. Tu manía de quererme haciendo que me odias y de besarme solo en los veintinueve de febrero y en los martes trece. Manías que eran imposible quitarte. Y ai, benditas manías tenías, que por cierto, tú eras la mía.
Pero eras. Y ya nunca más fuiste. O quien sabe, que de repente te asombras de que pasa el tiempo y escribes y te das cuenta que siempre lo haces en preterito. Y no porque ya sea pasado, pero es que así, todo queda más poético.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Es que el hielo mata el hígado.

Casi llega ya diciembre, y con el llegaran las noches frías y las lluvias incesantes. Con él volveran los chocolates calientes, y las noches en vela, aullando a la Luna a las tres de la mañana.
Solo consigo matarme por despecho después de cada noche, después de los cafés derramados en las sábanas blancas, y de los besos sin dueño. 
De los besos que ya ni son míos ni son suyos. Que perdieron la razón por la que existían, y se hundieron juntos con nuestras sonrisas en el mar.
Cinco horas más tarde amanece, son las ocho, y ya ni siento ni padezco. Llueve fuera, y llueve en mi, parece como si lloviese en mis ojos lo que no ha llovido en la sequía de verano.
Aunque a pesar de la sequía, las sábanas estaban mojadas, y mi alma pesaba el doble. Solía coser los pedazos que me quedaban, en un intento de subsanar la herida. Cosía cada resquicio de esperanza a este corazón marchito, con el fin de que saliese a flote y no se hundiese.
A pesar de ya estar acostumbrada a las noches de ron con penas en vez de hielos, necesito que me quiten tu ausencia, que tengo demasiado en que pensar y no me deja ser feliz.

In fraganti de amor

Aunque Roma conocía el sonido de tus pasos y las sabanas de aquella habitación en Venecia, el roce de tu piel,  solo yo creía conocer el sabor de tus labios.
Y mientras tú, desvirgando los labios de cualquier loco enamorado que pasara bajo tu ventana, y a cualquier perdido de la vida que se matase por amor.
Pues que bien lo sabré , que repetía eso de despertarme sola en París después de haberte hecho el amor.
Vivía con la esperanza de pillar in fraganti al rocío posarse en las comisuras de tus labios y en los acantilados de tus caderas.
Y que mal recordarás tú escapar del sexo conmigo antes de ver amanecer, pues yo era solo una más y tú eras mi única.
Donde las largas noches nos espiaban entre el humo de tu cigarro y donde nuestros cuerpos pedían a gritos otra guerra en la cama. Pero tú seguías siendo tan fría, tan "aquí te pillo, aquí te mato", y yo tan de corazón ardiendo por deshacer tus hielos, aunque me ahogue en el intento, de que me ames más que a nadie.

viernes, 10 de octubre de 2014

149.597.887,5 y ambos en el cielo

Y continuamente hago que me recuerdes lo que ya recuerdo. Que no se me olvida, que a fuego lo tengo marcado a la izquierda. Como tu número y dirección. Ya que dicen que no hay bien que por mal no venga, pues por si algún día me pierdo y no encuentro mi norte, encuentre tu cama. Y recuperar todo ese tiempo perdido de antes de habernos encontrado.
Ni a contra marea pueden tumbarme estas ganas contigo de respirar el mismo oxígeno. Ni mil besos pueden hacerme olvidar el sabor de tus labios, ni mil caricias el tacto de tus manos. Ni tu risa ni tu nada. Que todo está grabado donde más duele, pero al menos estarás de acuerdo conmigo en que merece la pena.
En que merecemos la pena.
Como dos polos no opuestos que se atraen y se repelen y viven en desarmonía con el mundo pero enamorados de la noche. Y el poeta que escribe sobre ellos y piensa que su amor es imposible. Pero la Luna enamorada, sabe que escribe equivocado, que incluso ella y el Sol pueden amarse y verse a pesar de la distancia.

jueves, 25 de septiembre de 2014

¿Y por qué siempre acabo hablando de amores cuando quiero hablarte de sexo?

Solía preguntarme cual pudiese ser la inspiración de Bécquer, Neruda o Benedetti. Me preguntaba si su forma de escribir era pura vocación o en algún momento de sus vida alguien les rompió por dentro, y les hizo escribir lo que nunca pensaron poder haber llegado a escribir. 

Pensé que a lo mejor, los años y los daños hacían mella, y que así poco a poco podrían haber escrito en palabras lo que no eran capaces de decir a voces. Pensé que a lo mejor, un amor roto les rompió los esquemas, y aprendieron a expresar con rimas lo que no quisieron con puñales. 

He pensado tantas cosas, que a menudo a nudillos rotos escribo lo que no consigo llegar a gritar. Escribo incluso sin tus besos y con pupilas dilatadas, y aunque me falte el aire y me sobre ropa. El sentido que no encuentro a dejarme la voz llamándote en sueños, el sentido que no encuentro cuando no estas a mi lado. 

Pienso que a lo mejor fue Neruda quien encontró en ti por primera vez su inspiración, y ahora soy yo quien escribe pensándote;

Ahora soy yo quien, te recorre a tientas en la oscuridad, besando tu espalda, hasta la parte más baja. Yo, quien te hace suspirar de odio y llorar de amor, con versos mal formados, y partituras mal tocadas a los pies de un piano desafinado.

Que jamás habré sabido ni leer música ni tocarla. Pues ni de Benedetti me trato, ni de Beethoven me creo.

Pero con el paso del tiempo y tus besos de fondo, con el rap a todo trapo y el porro en la mano, descubrí que era cierto, y que por muchas letras que lleves en las venas, necesitas que alguien te rompa los esquemas.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Tu puta forma de;


                No mirarme a los ojos cuando me hablas, ni cuando te hablo.

                 De sonreirme como si nadie más existiese en el mundo que tú y yo.

                 De los pitis y los besos. De los besos y los pitis.

De; las caricias y las gafas de siempre, tu sitio y mi sitio. Lo mío tuyo y supongamos que lo tuyo mío. Pongamos como cierto que no me quieres, y te pregunto yo que haría sin ese amor que me hace soñarte, que te sueño y despierto, y el vacío me inunda porque solo son una maraña de recuerdos mal acondicionados en mi cabeza.


Que los recuerdos son como las cartas de mi escritorio, se traspapelan y se pierden o se olvidan. También dicen ser como las letras de las canciones en ingles, que escuchamos por segunda vez y de las cuales acabamos inventandonos la letra, cambiamos las cosas a nuestro parecer. Los recuerdos cambian con el paso del tiempo y yo no quiero que me pase, ni que las cartas que te he escrito se pierdan. Yo no quiero pasarme sin ti más tiempo del que pueda soportar, resulta que es tan simple como explicarte que no te quiero en otro lugar que no sea la cama en la que yo duerma.


Quiero discutir contigo y que me grites, que discutamos sobre si la tele va en la sala o en nuestra habitación, que si las noches de partido duermes en el sofá o a mi lado. Quiero discutir, porque prefiero discutir contigo, amor, a follarme a setenta.

                                                                                            No sé si por suerte o por desgracia
                                                                                            pero me ha tocado echarte de menos.

domingo, 24 de agosto de 2014

La línea de la sexta avenida.

Te conocí un viernes de primavera entre taburetes de un bar cuyo camarero siempre me sonreía al pasar a su lado. Que no era para menos pues, aunque tantos complejos, mis faldas no es que fuesen largas.

Y es que recuerdo perfectamente ir por verte hasta que dejaste de ir y comencé a ir por conocer el fondo de la botella. Y que no creas que no, que al final la conocí bien a fondo, conocí hasta a su hermana Gin, que debía estar enamorada del tequila porque mucho tequi.., pero te quiero no decía.


Pero el caso es que entre chupito y chupito las resacas del día siguiente eran bien jodidas y para pasar el dolor de cabeza recurría a más alcohol. Y para la segunda resaca volvía al bar para verte. Aunque todas las noches era la misma putada. Tu no aparecías y yo acababa con la borrachera del quince en la treinta y cuatro con Herald Square, junto al metro en el que nos dimos el primer beso, el cual recordaba cada cinco minutos, y con su recuerdo pedía una última copa. Y otra última después de la última, e iba empalmando una con otra hasta que cerraban el bar. 

Probablemente lo más jodido era despertarme a la mañana siguiente sin saber cómo había llegado a la cama. O no, a lo mejor era saber que estabas en otra cama que no era la mía. Tal vez el dolor de cabeza no era resaca si no ganas de tenerte cerca, o tal vez era pura soledad en contacto con la marihuana de buena mañana. No recuerdo una mierda, porque fueron demasiadas noches abrazada al vodka y con el piti en la mano, deseando una llamada que llevase tu nombre, con un perdón, o un te quiero, y una botella de ginebra de regalo. Por las molestias de tu ausencia, más que nada.

Eran todas las mañanas despertarme sola en la cama, con un hueco a mi lado perfectamente de tu medida, intentando recordar el sonido de tu voz, o de tu risa. Con la alfombra gris de ceniza, y colillas por el suelo con el rojo de tu carmín. Que sin venir a cuanto, pero aun lo guardo en el segundo cajón de mi mesilla. Esto de echarte de menos no rinde si no es mutuo. Y lo peor es que lo sabes, y aun sabiendo no me escribes.

Recuerda que aun sigo en la treinta y cuatro, en ese piso que alquilamos para comernos a besos, que no era de lujo, pero que para hacer la cama y deshacerla a los cinco minutos daba de sobra. Llama a la puerta, aun tengo tu rojo de labios.

sábado, 23 de agosto de 2014

Y a una mezcla de noches vacias

Los había jodidamente bonitos, pero tus ojos.., tus ojos eran otro puto rollo.
Eras como confundir a la aurora boreal con el arco iris, parecido en apariencia pero con otra física diferente.
Seguirás siendo la mirada más fría que quemaba con más ganas en la que nunca había vivido.
Y tus besos seguirán siendo esos de los que me colgaba de buenos días y de buenas noches.
Que no te engañen que no había punto de comparación. No era lo mismo el porro y sexo con otros que el sexo y porro contigo.
Ni el sexo sabia a sexo cuando rompiamos los muelles de la cama, ni el porro sabia a porro cuando fumabas en mi cama.
Algo así como comparar el helado de chocolate con el resto, todos están jodidamente ricos, pero el de chocolate les da mil vueltas a todos. Y eso se sabe aquí y en la China.
Pues igual pasaba contigo, con tus besos y caricias y con las noches de hacernos el amor.
Las putas noches de quedarme despierta para pensarte en silencio. Que para joderte en sueños prefería no joderte.
Y claro, ahora ya no estas, y las noches me saben a soledad y la ausencia de tu presencia me roba momentos de sueño. 
La cama me queda grande, y me falta alguien que me tire de la ropa.
Y si aun quieres saber algo, decirte que 
la gente lo sabia, sabian que no eras comparable a los demás ojos bonitos.

lunes, 11 de agosto de 2014

Y pasar el límite de echarte de menos

Y cuando partí, recordé que te echaba de menos. Fue entonces cuando la piel de gallina me dijo que no podría evitar llorar. 
Llorarte.

Creeme si te digo que dueles más de lo que nos gustaría. Que recuerdas al invierno en pleno verano.
Que la última calada de tus labios fueron lo más maravillosamente amargo que jamás había probado.
Y la última caricia que recibí fue la más dulce despedida que me han dado.
O la más salada a lo mejor. Salada por las lágrimas que derramé nada más despedirme y por las que ahora caen mientras escribo.
Y anoche al besarte y no querer soltar tu mano, te suplique entre pensamientos un quedate que no oíste.
Y te confesaré que no quiero que echarte de menos se vuelva rutina que luego acaba siento una espina que se clava.
Artista me llamas. Pero ya hemos hablado de esto.
El arte es todo eso acabado en 'te' que te hago.
Como la manera de en la distancia extrañarte, o de en la no distancia besarte.
Maneras en la distancia de la que siento que el aire se escabulle de mi. Y que echo de menos besarte con los pulmones a rebosar de humo.
O acariciarte o susurrarte o abrazarte por mi derecha. Y que conviertas mis puntos en comas o que me comas y punto.
Ahora es cuando te das cuenta que siempre me siento a tu derecha.
Y sonríes.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Drogas para matar

Aunque estemos en guerra seguiré haciéndote el amor hasta las tres de la mañana.
Aunque te odie siempre quedarán las ganas de amarte a la luz de las velas. De oírte gemir entre el tictac de las agujas del reloj.
Noches que duelen de la monotonía no escrita, y romper las reglas con besos y la cama con más besos.
Que escribirte a tientas en una oscuridad cuyo silencio duele empieza a ser rutina en un verano poco común.
Con más verde que chocolate para la depresion en estas noches de soledad inevitable.
Recorrer de memoria tus subidas y bajas, cada una de tus vertiginosas curvas. Subir a tu pecho y tirarme al vacío con la esperanza de morir en el intento.
Eras el amor en prosa ascética del siglo XVI.
Como todo lo bueno ocurrió que terminó.
Eras. En pasado y en mi memoria la rosa más bella que más espinas clavaba.
Que te has ido, y aunque espero que vuelvas te quiero bien lejos.

miércoles, 23 de julio de 2014

C.G.M.


"Si todos los caminos llevan a Roma, ¿Cómo se sale de Roma?. A veces pensamos demasiado y sentimos muy poco. Mi abuelo siempre decía: "Que si alguien quiere seriamente formar parte de tu vida, hará lo imposible por estar en ella". Aun que en cierto modo, perdamos entre pantallas el valor de las miradas. Olvidando que cuando alguien nos dedica su tiempo, nos esta regalando lo único que no recuperará jamás. Y es que la vida son momentos ¿sabes? Y ahora estoy aquí y mañana, mañana no lo sé. Así que quería decirte, que si alguna vez quieres algo, si quieres algo de verdad, ve por ello sin mirar atrás. Mirando al miedo de frente y a los ojos, entregándolo todo y dando el alma, sacando al niño que llevas dentro. Ese que cree en los imposibles y que daría la luna por tocar una estrella. Así que no sé que será de mi mañana. Pero este sol siempre va a ser el mismo que el tuyo. Y los amigos, son la familia que elegimos, y yo te elijo a ti. Te elijo a ti por ser el dueño de las arrugas que tendré en los labios de vieja y apuesto fuerte por todos estos años a tu lado. Por las noches en vela, las fiestas, las risas, los secretos y los amores del pasado. Tus abrazos, así por que sí, sin venir a cuento, ni tener porque celebrar algo. 

Y es que en este tiempo, me he dado cuenta de que los pequeños detalles son los que hacen las grandes cosas. Y que tú has echo infinito mi límite. Así que te doy las gracias por ser la única persona capaz de hacerme llorar riendo. Por aparecer en mi vida con esas sonrisa loca, por ese brillo en los ojos capaz de pelear contra un millón de tsunamis. Así que no, no sé donde estaremos dentro de diez años. Ni se como se sale de Roma. No te puedo asegurar nada. Pero te prometo que pase lo que pase, estés donde estés, voy acordarme de ti toda la vida. Y por eso mi luna va a estar siempre contigo. Porque tú, me enseñaste a vivir cada día como el primer día del resto de mi vida. Y eso, eso no lo voy a olvidar nunca."

jueves, 12 de junio de 2014

De junio

Bonita fecha, doce, junio, doce de junio.

Ha pasado tanto tiempo pero irónicamente me parece que fue hace, no diré ayer, pero sí anteayer.

El paso del tiempo se siente confuso, las agujas ya no marcan las horas, y por tu culpa he llegado a descalabrarme cien noches seguidas pensado como hubiese sido si hubiese aceptado. Pero desde entonces he dormido más en playas que en camas, he saboreado atardeceres en la playa fumando hierba, he saboreado placeres de la vida con los que solo te cruzas una vez.

Y es que mi piel marcada anhela tu fragancia, mi mente incoherente pide a gritos tu voz susurrando en mi oído y mi corazón incompleto busca la pieza que le complete. Es diferente desde que te has ido, me siento vacía aunque ría, contemplo el odio como una opción aunque ame y ya da igual que día sea, pero es demasiado fría esta cama, es demasiado frío para estas noches de verano.

Eres el mejor sueño y la peor pesadilla de cada micra de mi ser, eres exactamente lo mejor y lo peor, como polos apuestos que se atraen, pero que contigo se complementan en una sola persona que no necesita ser completada. Como todo lo bueno, llegaste sin avisar, y marchaste sin despedirte, como tormenta de verano, que llega arrasando todo a su paso, y después, simplemente, desaparece.

viernes, 30 de mayo de 2014

Un beso, como lección de vida

Pero justo en ese momento vuelve ese dolor y ese miedo que te paraliza, justo ahí me sentí como esa moneda que lanzamos tiempo atrás, deseando que saliese cruz, o tal vez cara, parece que hace ya cien inviernos de aquello, y aun creo poder recordar el tintineo de los veinte céntimos aquellos al caer contra el suelo, y rodar en dirección a una alcantarilla. Y caer en ella, delante de nuestra atenta mirada y nuestras sonrisas estúpidas. Jamás supimos que ocurrió con el azar, jamás supimos si gané yo, o ganaste tú. Pero poco debió de importarnos, porque entrelazamos las manos y dijimos al unísono que el azar eramos nosotros.
Entendiste entonces que una simple moneda no era nuestro destino, que nuestro destino eramos nosotros y que nosotros eramos nuestro propio azar, y me lo explicaste de la mejor forma que supiste.

Summer Equinox

Como un pájaro libre,
que vuela sobre la inmensidad,
del oceano y del cielo.

De ansiados besos contigo,
de mañanas de esperas largas,
tanto como tus piernas.

Como una bala de tu preferido calibre,
con toda probabilidad,
de morir fría como el hielo.

Y es que del vacío me caigo,
con el corazón sin esperanzas,
y mis miradas eternas.


domingo, 25 de mayo de 2014

Invierno, regresa, pides.

Cuando estas cayendo por ese inmenso abismo, piensas que ya todo da igual, lo ves gris, ni blanco, ni negro. No sientes el frío del viento contra tu piel, sólo sientes vacio y esperanza, esperanzas de que abajo haya alguien para sujetar caída. Pero no terminas de caer y entonces comprendes que siempre será igual. Que nadie daría un centavo para salvarte, que has tenido que dignarte a seguir sola a pesar de lo mucho que odias la soledad. Que estas diciendo adiós en esta carta, pidiendo ayuda, estas gritando auxilio. Has llegado a sentirte tan frágil como una mariposa al chocar contra un cristal, al no saber diferenciarlo de la realidad y quebrarse el ala. No sabes cuanto hace que suspiras de alegría, pero te faltan dedos para los suspiros de tristeza. No sabes cuando comenzaste a odiar el verano y a amar el invierno. Tal vez su partida fue tu razon para odiar el verano, o tal vez para amar el invierno. Puede que imaginaciones de tu cabeza, a lo mejor conjeturas de tu corazón lo que te hace perder la cabeza, resquebrajarte la poca coherencia que queda en tu alma. Añoras el invierno, y ya no sabes si por su presencia o por las poesías de Neruda en el escritorio y los chocolates calientes. 

domingo, 27 de abril de 2014

Setenta y dos, contigo ciento sesenta y cinco

Estar recogiendo la habitación y que aparezca tu letra entre los papeles de mi escritorio, un folio blanco con tinta azul de tu puño y letra, sentir que se me encoge el corazón al recordarte, y las lágrimas afloran sin querer. Sentir rabia y dar puñetazos a la pared hasta que noto sangrar mis nudillos, odiar y amar al mismo tiempo, como dos polos opuestos que se atraen sin remedio. Pueden pasar horas hasta que mi corazón reduzca la velocidad, hasta que vuelva a latir a su media de pulsaciones por minuto. Nunca he estado en una situación de pánico extremo, esa sensación en la que el corazón parece salirsete del pecho, que sientes que puede explotar en cualquier momento y no puedes controlar la respiración. Yo nunca la he sentido, pero creo padecer los mismos síntomas cuando estoy cerca tuyo, de un modo completamente diferente, pero igualmente llamemoslo pánico, pánico de compañía. No es miedo a que estés cerca, es miedo a que dejes de estar a mi lado, que un día levante la mirada y ya no pueda verte porque te has marchado, volviendo a dejarme como al principio, sola.

viernes, 18 de abril de 2014

A lo mejor a alguien, cuando sea demasiado tarde

No pareces la misma chica que escribe con palabras rotas y nudos en la garganta, me decían, y cada vez que cerraba la puerta de mi habitación lloraba un mar de lágrimas. 
Las cosas siguen siendo exactamente iguales, la única diferencia es que siento más ganas de matar este dolor, de acabar con él de la forma que sea. He pensado en el suicidio tantas veces que ya perdí la cuenta hace tiempo, diariamente pienso en él y en por qué no estaré muerta. Miro a mi alrededor y me encuentro escribiendo, sola, como siempre he estado. Este puto e inmenso vacío que me come desde dentro hacía afuera, rompiendo cada fibra de mi ser, cada ideal y principio, cada pensamiento que defendía se fueron al traste el mismo día que firme con sangre ese pacto con el diablo. Un cero a la izquierda, siempre, exactamente igual que como al principio, mi opinión, mi intención, mis ganas de ser son nulas en este juego. 
Aunque sinceramente ya no sé ni a lo que juego, demasiadas preguntas por responder, demasiada gente a la que despedir, demasiados perdones y lágrimas. A lo mejor no lo sé por el simple hecho de que ya no juego a nada, me limito a intentar sobrevivir de la mejor manera que sé mientras mi cabeza piensa retorcidos planes para matar esto de aquí dentro. Si las voces callasen, si dejasen de gritar constantemente que no valgo para nada, que no seré nada para nadie, a lo mejor podría pensar con claridad e intentar buscar una salida razonable a esto, pero no, no lo hacen, ellas siguen chillando desesperadas suplicando mi muerte.
Qué importa que me esté muriendo lentamente, ¿a quién le importará eso?


lunes, 17 de marzo de 2014

Y me enseñaron que a veces lo incorrecto es lo correcto.

Cuatro de la mañana y un sueño de acojonar, una calle dormida, una noche sin lluvia pero con una niebla que hiela. Un corazón sólo entre tantas lágrimas, y unos besos que faltan, los tuyos, y una noche más sola, entre tantas que pasamos abrigados del frío de la calle. Las calles mojadas sin tormenta, y ya no sé si soy yo o no, pero todo parece borroso, las aceras parecen desaparecer al pisar. Parece mentira que yo y el tiempo nos pongamos de acuerdo para salir. Recordemos en silencio las tardes en el tejado, como la vida parecía menos puta desde allí arriba. Como atardecía en otoño bajo nuestra mirada y un chocolate caliente y como era levantarnos una hora antes para ver amanecer en verano.
Seamos leves, que el amor azota fuerte, como estos temporales de últimos días. Seamos más fuertes que todos esos muros derribados por la olas. Te quiero, amor. Como quieren los suicidas, despacio y hasta la muerte. Lento pero a la vez tan rápido que parece no tener tiempo para existir. No sé si es frío, o anhelo de tu piel, pero mi cuerpo tirita y mis ojos lloran el hueco de mi cama, donde deberías estar tú.
Hablemos sin decir ni una palabra, recordemos que hoy soy yo pero mañana podrías ser tú. Recordemos los besos y las risas. Recordemos la felicidad al sentir nuestros cuerpo rozándose, hagamos como que ya no nos importa, hagamos como que todo va bien y que ya no te echo ni me echas de menos. Gritemos al vacío todo lo que no pudimos gritarnos a la cara. Escribamos y quememos nuestros recuerdos en un folio, quememos el dolor de tanto tiempo perdido. Porque eres tú, como el éxtasis, como toda droga que me mata, como a mi me gusta que me hagas. Lento y despacio, hasta perder los papeles, hasta perder la cabeza. Sencillamente sencillo el privarme de ti, de tus besos. De esa droga tuya que crea más adicción que la coca, que ya nada importa desde el segundo en el que te encontré de mi vida.

Un beso de no buenas noches. Y esperando un mensaje con tu nombre mañana nada más despertar. Echándote de menos a cada segundo que pasa, a cada paso que doy. Y a pensarte en silencio ahora que el sueño no concilia.

domingo, 16 de febrero de 2014

"Adiós, tal vez."

Hará casi dos meses que intento escribir esto, que intento sacar el valor de donde no lo hay para decir adiós; para pedir perdón, no compasión, pero si perdón. No espero que nadie me entienda, no espero que nadie me llore, no espero que mi muerte, vaya a cambiar nada. Si alguien sabe como ser feliz, que venga y me cuente el secreto, porque yo ya he tirado la toalla. He perdido las pocas esperanzas en la humanidad que tenía, he perdido todo cuanto tanto me había costado lograr. Ciertas personas, que llegan a tu vida y arrasan como el Vesubio arrasó Pompeya, que destruyen tu muralla, la que creías que era impenetrable, indestructible.

Siempre me he preguntado como viven felices los adultos, tantas responsabilidades, tantos problemas, tan poco tiempo, y tantas cosas por vivir. Tantas putadas, tantas lagrimas. Y yo, dieciséis años y ya estoy harta. Nunca le he encontrado sentido a eso de vivir; te pasas veintitrés años estudiando para luego trabajar durante cincuenta, o en su defecto, en paro. Te jubilas, con una pensión que apenas cubre tus necesidades básicas y tus medicinas. Mueres pues, como todos, infeliz.

Aún recuerdo como hace cinco, seis años, la voz de mi padre asegurando que acabaría trabajando en un motel de carretera, como yo detrás de la puerta lloraba, porque no era suficientemente buena para ellos, como sentía que su hija no era como ellos querían que fuese. Como sentía que no quería seguir decepcionando a la gente de mi alrededor. Pero pasaron los años y crecí, maduré, a lo mejor también me hice un poco más fuerte, a lo mejor también un poco más cabrona. Y casi a punto de cumplir los diecisiete, intento escribir mi despedida. No sé si con un adiós, un hasta luego, un perdón o un os quiero.

La única razón que me mantenía con vida era la duda de si realmente quería morir, o si solo buscaba que alguien se percatase de que yo, no estaba bien. Una niña con pensamientos suicidas, con lagrimas continuas en los ojos, e insultos propios. Nunca me he visto suficiente persona, ni suficiente buena, o a lo mejor lo que no soy es suficiente cabrona para matar a los demás y ser feliz yo. Que prefiero acabar con mi vida a seguir dando quebraderos de cabeza, que prefiero matar mis ilusiones, mis sentimientos y esperanzas antes que permitir que alguien muera por mi. No estoy diciendo que vaya a matarme ahora, ni mañana, a lo mejor tampoco la semana que viene, ni el mes próximo. Tal vez ni siquiera en este año, solo estoy diciendo que un día, el día que no haya ni un solo resquicio de amor u odio en mi, acabaré con mi vida. Tarde o temprano, pero al fin y al cabo acabaré.

jueves, 13 de febrero de 2014

domingo, 2 de febrero de 2014

Veinticuatro después y final

Y comencé a quererte, casi de la noche a la mañana, pero sin darme cuenta. Contando las horas para verte, ensayando una sonrisa antes de besarte, antes de hacerte el amor. Decir te quiero hace tiempo que dejo de ser lo mío, hace tiempo que deje de ser yo. Hasta que nos conocimos, hasta que decidí mandar todo a la mierda e intentar ser feliz. Hasta que me equivoqué.
Siempre dando pasos en falso, temiendo por mi estabilidad, por mi felicidad, hasta que llega alguien que me hace sonreír y como no, rompo lo que ambas construimos. Por quien lloro hasta quedarme dormida. Alguien, cuya distancia me mata, por quien quisiese parar el tiempo, o volver atrás unas semanas. Por quien escribo esto en silencio mientras dejo que mis lagrimas caigan. 
Hacía tanto tiempo que nadie me llenaba de tal forma, que nadie me hacia sonreír con un simple hola. Ni siquiera cobran sentido tantas lineas y tantas lágrimas, solo intento engañarme a mi misma diciendo que no duele, que no me importa. Que estoy bien. Pero como engañarme cuando por dentro siento un profundo dolor en el pecho, que me recuerda quien soy, quien era ella, y cuan mucho de menos la echo. Que un solo error puede pesar como doscientos a la espalda.
Dudo de corazón que vaya a leer una sola linea, dudo que mañana al despertarme tenga su mensaje de buenos días, dudo que decir que te quiero sirva de algo.