Y continuamente hago que me recuerdes lo que ya recuerdo. Que no se me olvida, que a fuego lo tengo marcado a la izquierda. Como tu número y dirección. Ya que dicen que no hay bien que por mal no venga, pues por si algún día me pierdo y no encuentro mi norte, encuentre tu cama. Y recuperar todo ese tiempo perdido de antes de habernos encontrado.
Ni a contra marea pueden tumbarme estas ganas contigo de respirar el mismo oxígeno. Ni mil besos pueden hacerme olvidar el sabor de tus labios, ni mil caricias el tacto de tus manos. Ni tu risa ni tu nada. Que todo está grabado donde más duele, pero al menos estarás de acuerdo conmigo en que merece la pena.
En que merecemos la pena.
Como dos polos no opuestos que se atraen y se repelen y viven en desarmonía con el mundo pero enamorados de la noche. Y el poeta que escribe sobre ellos y piensa que su amor es imposible. Pero la Luna enamorada, sabe que escribe equivocado, que incluso ella y el Sol pueden amarse y verse a pesar de la distancia.
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