domingo, 27 de octubre de 2013

“No tengo ganas de levantarme porque ya no me das los buenos días entre las sábanas. Ya no me desayunas. Ya no me arrimas a ti y me comes la boca entre sonrisa y sonrisa. No esperas que te muerda el labio, no espero que lo esperes. Ocurre que mientras todas lloran porque su ex las quiere pero no las hace caso y se lían con otro, yo sonrió por fuera y lloro por dentro sin liarme con nadie, porque me enamoraste hasta lo más profundo de mi ser, y odio lo que hiciste. ¿No había otra forma de matarme? ¿Una más rápida? Pues no, tenía que ser lenta y dolorosa. Estoy cansada de estar cansada y harta de llorar por alguien como tú. 
Ocurre que a diferencia de ti, yo si te echo de menos, aún sueño contigo. Aún pienso en ti. Aún pienso que hay una esperanza, para ti y para mi, aunque sea pequeña, pero pienso que aún la hay. Yo, aún te amo.” 
                                            MG. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

Venimos solos, nos vamos solos.

Te despiertas una mañana más, cansada, sin ganas de seguir viviendo. Llueve, las aceras están mojadas, y el frío recorre tu cuerpo. Te tapas con la manta todo lo que puedes, sabes que eso no empequeñecerá tus problemas, pero sólo quieres que la tierra te trague. Te levantas, con pesadez, sin sentido recorres la casa un par de veces. No hay nadie, el silencio inunda cada una de las habitaciones. Te diriges al baño y giras el grifo de la ducha, empieza a salir el agua, y un espeso vapor comienza a hacerse dueño del baño, el vaho deja leer un “gorda” en el espejo, y tu borroso reflejo de fondo. Te metes dentro de la bañera, con lentitud, como si cada paso te costase la vida. Te das una ducha, lo más rápido que puedes y te vistes con lo primero que encuentras. Subes cada piso a pie, contando los escalones, y cuando llegas al final, sales al tejado y desde allí puedes ver que esta amaneciendo, que la calle está desierta y que hacía más frío del que creías. Te acercas al borde, con tranquilidad, tu cuerpo no tiembla, ni siquiera por la gélida brisa que balancea las hojas. Te sientas en el borde, con la mirada vacía y perdida, sin ningún atismo de esperanza por la humanidad. Pasas unos minutos ahí, sentada mirando a los montes del horizonte, te levantas, y dando la espalda a todo lo que conocías, dejas que tu cuerpo caiga hacia el cemento de la acera, toda esa felicidad que anhelabas vuelve a ti, segundos antes de acabar con tu propia vida, sonríes, y entonces todo se tiñe de un color negro. Por fin todo ha acabado.

domingo, 13 de octubre de 2013

Aprendamos a vivir como el poeta suicida.

“Yo no he llegado al punto y final,
al punto y final se llega cuando mueres
o cuando has conseguido olvidar.
Pero ni he muerto ni sé olvidar.
Por lo tanto sigo viva, o eso dicen
para la mia desdicha, y la tuya
y mientras siga en este puto mundo
yo viviré en los puntos suspensivos.

Que estoy cansada de dar tanta vuelta,
sin sentido, porque esto no lo tiene.
Que estoy dispuesta a dejarlo todo atrás. 
Dispuesta a parar e irme en tu busca.
Que yo quiero ser el punto y seguido,
contigo, y solo contigo amor mío.

Ya pueden follarles al punto y final,
a las despedidas, a los llantos y al olvido.
Porque sabes tan perfectamente como yo,
que duelen. Llegan a doler no poco,
más bien hasta el límite de lo prohibido.
Aferrémonos al último resquicio de esperanza

Ahora es cuando yo te digo,
seamos el punto y continuará,
de esta nuestra historia.
O el punto y seguido, o el punto que quieras,
pero que continúe por encima de todo,
que continúe para toda la vida.”

domingo, 6 de octubre de 2013

“Quizás este disparatado dolor sea menor cuanto más pequeña me haga.”

Duro invierno que me espera, aún queda la mitad del otoño, pero por las noches ya necesito a alguien a mi lado. Si el amor fue creado para los suicidas que apunten una más a la lista. Ya no lloro, ya no puedo, soy un manojo de nervios y una esclava de mi misma. Tus besos en mi cuello como droga antidepresiva, tu olor en mi piel y una muerte segura después de esta noche. Sólo las sábanas son testigo de lo que sucedió, una noche entre gemidos y sonrisas. Sobretodo la mía, mientras te miraba encima mío. Que largo se hace el tiempo cuando empieza el frío. Que cortos saben tus besos y tus caricias en mi espalda. Como duele tu perfume en mi piel y saber que eso es todo lo que tengo. Probablemente este invierno sea parecido al anterior, con mi manta y las horas frente al ordenador, pero sin tus piernas de por medio.
Alargo las despedidas por si no vuelvo a verte, por si esto se acaba aquí y ya no hay marcha atrás. Despedidas con lágrimas. Palabras que te dejan sin palabras. Que sorprenden, que despistan. Esa sensación que dejaste cuando te fuiste de mi cama, que me pesaba hasta la sombra. Pisadas grises, autobuses llenos, páginas de libros en las que perderte y perder de vista al resto. Risas. Y prisas por contestarte. Por comerte la boca, por follarte en sueños. Prisas por respirar tu aliento o acariciar tu sonrisa. A veces la vida no sigue, a veces solo pasan los días, y tú con ellos, poco a poco, mientras observas desde una esquina. Que vivo con la maldita costumbre de ilusionarme, y luego llevarme la hostia. Que busco ansiosa un clavo que me quite otro clavo, pero esto no funciona así, al final acabaran por quedarse dentro los dos. Vivo viendo la pena reflejada en el espejo.
¿Y si ahora decido ser egoísta y por primera vez luchar por lo que quiero? Luchar por un invierno entre tus piernas, con tus besos en mi nuca y tus manos en mi espalda. También podría darme media vuelta e irme, pero yo no soy de esas, quedarme al margen no es mi estilo. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

Adiós y un lo siento.


Me quedé con ganas de escribirte. Reconozco que te busco. Desde el tuyo, los demás amores me saben a poco e incluso a mucho. Tanto que empacha, y vuelvo a quedarme vacía. Hacia tiempo que quería escribir esta carta, no había sido capaz de coger un bolígrafo y papel, y por primera vez decirte adiós. Nunca habrá palabras suficientes para explicar lo mucho que echo de menos cada segundo que pasamos juntos, pero tampoco puedo explicar todo el daño que he sufrido por estar a tu lado. Si alguien tiene la culpa soy yo, por permitirme el lujo de mantenerme impasible a todo cuanto ocurría. Por una parte siento que todo lo que hice fue en vano, como si nada tuviese suficiente importancia. Cada minuto junto a ti era más lento, me quedaba en esos momentos y de ellos no salía. Necesito que me perdones, nunca dejaré de amar cada caricia que me diste, o nuestros besos sobre la cama, pero ya nada es lo mismo. Los cigarros se han consumido y los cafés enfriado. El verano ha acabado, y el frío otoño comienza de nuevo. Tu sudadera ya no me abriga, ni tus besos me estremecen. Echo de menos tu sonrisa bajo las sabanas de mi cama, y nuestras risas a media noche. Hemos cambiado, puede que a mejor o puede que no. Pero nadie podrá quitarnos todos esos momentos juntos, porque no, porque nos pertenecen. Créeme al decir que nadie te amará como yo.