martes, 17 de marzo de 2015

Y aún me pregunta que es de ti

Huele a frio, a invierno marchito, a velas recién apagadas y a lágrimas derramadas. Se escucha el silencio que me abriga a las cuatro de la mañana, que me seca las lágrimas de tu ausencia, y como te grita el hueco que dejaste en tu lado de la cama.

Mi cuello desnudo añora tus labios, y los míos lloran no besarte a oscuras bajo las sabanas de mi cama, en una noche de sexo.

Recuerdo la forma en la que escapó tu cintura del abrazo de mis piernas, como tus piernas provocaban el suicidio de todos aquellos locos que soñaban con besar tus caderas. Como el suelo temblaba cuando decías mi nombre, como mi ser se rompía en mil pedazos cuando escuchaba de tus labios "te amo" y como la noche se hacía menos noche cuando te metías en mi cama y me besaba la espalda.

Me falto tiempo para amar lo odiado y tiempo de sobra para odiarte con tiempo cuando te fuiste y no volviste. Ya no soportar el hecho de que tu ausencia me ronde cada noche, ni que cada noche me recuerde tu ausencia, como la pescadilla que se muerde la cola.