jueves, 25 de septiembre de 2014

¿Y por qué siempre acabo hablando de amores cuando quiero hablarte de sexo?

Solía preguntarme cual pudiese ser la inspiración de Bécquer, Neruda o Benedetti. Me preguntaba si su forma de escribir era pura vocación o en algún momento de sus vida alguien les rompió por dentro, y les hizo escribir lo que nunca pensaron poder haber llegado a escribir. 

Pensé que a lo mejor, los años y los daños hacían mella, y que así poco a poco podrían haber escrito en palabras lo que no eran capaces de decir a voces. Pensé que a lo mejor, un amor roto les rompió los esquemas, y aprendieron a expresar con rimas lo que no quisieron con puñales. 

He pensado tantas cosas, que a menudo a nudillos rotos escribo lo que no consigo llegar a gritar. Escribo incluso sin tus besos y con pupilas dilatadas, y aunque me falte el aire y me sobre ropa. El sentido que no encuentro a dejarme la voz llamándote en sueños, el sentido que no encuentro cuando no estas a mi lado. 

Pienso que a lo mejor fue Neruda quien encontró en ti por primera vez su inspiración, y ahora soy yo quien escribe pensándote;

Ahora soy yo quien, te recorre a tientas en la oscuridad, besando tu espalda, hasta la parte más baja. Yo, quien te hace suspirar de odio y llorar de amor, con versos mal formados, y partituras mal tocadas a los pies de un piano desafinado.

Que jamás habré sabido ni leer música ni tocarla. Pues ni de Benedetti me trato, ni de Beethoven me creo.

Pero con el paso del tiempo y tus besos de fondo, con el rap a todo trapo y el porro en la mano, descubrí que era cierto, y que por muchas letras que lleves en las venas, necesitas que alguien te rompa los esquemas.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Tu puta forma de;


                No mirarme a los ojos cuando me hablas, ni cuando te hablo.

                 De sonreirme como si nadie más existiese en el mundo que tú y yo.

                 De los pitis y los besos. De los besos y los pitis.

De; las caricias y las gafas de siempre, tu sitio y mi sitio. Lo mío tuyo y supongamos que lo tuyo mío. Pongamos como cierto que no me quieres, y te pregunto yo que haría sin ese amor que me hace soñarte, que te sueño y despierto, y el vacío me inunda porque solo son una maraña de recuerdos mal acondicionados en mi cabeza.


Que los recuerdos son como las cartas de mi escritorio, se traspapelan y se pierden o se olvidan. También dicen ser como las letras de las canciones en ingles, que escuchamos por segunda vez y de las cuales acabamos inventandonos la letra, cambiamos las cosas a nuestro parecer. Los recuerdos cambian con el paso del tiempo y yo no quiero que me pase, ni que las cartas que te he escrito se pierdan. Yo no quiero pasarme sin ti más tiempo del que pueda soportar, resulta que es tan simple como explicarte que no te quiero en otro lugar que no sea la cama en la que yo duerma.


Quiero discutir contigo y que me grites, que discutamos sobre si la tele va en la sala o en nuestra habitación, que si las noches de partido duermes en el sofá o a mi lado. Quiero discutir, porque prefiero discutir contigo, amor, a follarme a setenta.

                                                                                            No sé si por suerte o por desgracia
                                                                                            pero me ha tocado echarte de menos.