Estar recogiendo la habitación y que aparezca tu letra entre los papeles de mi escritorio, un folio blanco con tinta azul de tu puño y letra, sentir que se me encoge el corazón al recordarte, y las lágrimas afloran sin querer. Sentir rabia y dar puñetazos a la pared hasta que noto sangrar mis nudillos, odiar y amar al mismo tiempo, como dos polos opuestos que se atraen sin remedio. Pueden pasar horas hasta que mi corazón reduzca la velocidad, hasta que vuelva a latir a su media de pulsaciones por minuto. Nunca he estado en una situación de pánico extremo, esa sensación en la que el corazón parece salirsete del pecho, que sientes que puede explotar en cualquier momento y no puedes controlar la respiración. Yo nunca la he sentido, pero creo padecer los mismos síntomas cuando estoy cerca tuyo, de un modo completamente diferente, pero igualmente llamemoslo pánico, pánico de compañía. No es miedo a que estés cerca, es miedo a que dejes de estar a mi lado, que un día levante la mirada y ya no pueda verte porque te has marchado, volviendo a dejarme como al principio, sola.
domingo, 27 de abril de 2014
viernes, 18 de abril de 2014
A lo mejor a alguien, cuando sea demasiado tarde
No pareces la misma chica que escribe con palabras rotas y nudos en la garganta, me decían, y cada vez que cerraba la puerta de mi habitación lloraba un mar de lágrimas.
Las cosas siguen siendo exactamente iguales, la única diferencia es que siento más ganas de matar este dolor, de acabar con él de la forma que sea. He pensado en el suicidio tantas veces que ya perdí la cuenta hace tiempo, diariamente pienso en él y en por qué no estaré muerta. Miro a mi alrededor y me encuentro escribiendo, sola, como siempre he estado. Este puto e inmenso vacío que me come desde dentro hacía afuera, rompiendo cada fibra de mi ser, cada ideal y principio, cada pensamiento que defendía se fueron al traste el mismo día que firme con sangre ese pacto con el diablo. Un cero a la izquierda, siempre, exactamente igual que como al principio, mi opinión, mi intención, mis ganas de ser son nulas en este juego.
Aunque sinceramente ya no sé ni a lo que juego, demasiadas preguntas por responder, demasiada gente a la que despedir, demasiados perdones y lágrimas. A lo mejor no lo sé por el simple hecho de que ya no juego a nada, me limito a intentar sobrevivir de la mejor manera que sé mientras mi cabeza piensa retorcidos planes para matar esto de aquí dentro. Si las voces callasen, si dejasen de gritar constantemente que no valgo para nada, que no seré nada para nadie, a lo mejor podría pensar con claridad e intentar buscar una salida razonable a esto, pero no, no lo hacen, ellas siguen chillando desesperadas suplicando mi muerte.
Qué importa que me esté muriendo lentamente, ¿a quién le importará eso?
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