domingo, 27 de abril de 2014

Setenta y dos, contigo ciento sesenta y cinco

Estar recogiendo la habitación y que aparezca tu letra entre los papeles de mi escritorio, un folio blanco con tinta azul de tu puño y letra, sentir que se me encoge el corazón al recordarte, y las lágrimas afloran sin querer. Sentir rabia y dar puñetazos a la pared hasta que noto sangrar mis nudillos, odiar y amar al mismo tiempo, como dos polos opuestos que se atraen sin remedio. Pueden pasar horas hasta que mi corazón reduzca la velocidad, hasta que vuelva a latir a su media de pulsaciones por minuto. Nunca he estado en una situación de pánico extremo, esa sensación en la que el corazón parece salirsete del pecho, que sientes que puede explotar en cualquier momento y no puedes controlar la respiración. Yo nunca la he sentido, pero creo padecer los mismos síntomas cuando estoy cerca tuyo, de un modo completamente diferente, pero igualmente llamemoslo pánico, pánico de compañía. No es miedo a que estés cerca, es miedo a que dejes de estar a mi lado, que un día levante la mirada y ya no pueda verte porque te has marchado, volviendo a dejarme como al principio, sola.

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