Bonita fecha, doce, junio, doce de junio.
Ha pasado tanto tiempo pero irónicamente me parece que fue hace, no diré ayer, pero sí anteayer.
El paso del tiempo se siente confuso, las agujas ya no marcan las horas, y por tu culpa he llegado a descalabrarme cien noches seguidas pensado como hubiese sido si hubiese aceptado. Pero desde entonces he dormido más en playas que en camas, he saboreado atardeceres en la playa fumando hierba, he saboreado placeres de la vida con los que solo te cruzas una vez.
Y es que mi piel marcada anhela tu fragancia, mi mente incoherente pide a gritos tu voz susurrando en mi oído y mi corazón incompleto busca la pieza que le complete. Es diferente desde que te has ido, me siento vacía aunque ría, contemplo el odio como una opción aunque ame y ya da igual que día sea, pero es demasiado fría esta cama, es demasiado frío para estas noches de verano.
Eres el mejor sueño y la peor pesadilla de cada micra de mi ser, eres exactamente lo mejor y lo peor, como polos apuestos que se atraen, pero que contigo se complementan en una sola persona que no necesita ser completada. Como todo lo bueno, llegaste sin avisar, y marchaste sin despedirte, como tormenta de verano, que llega arrasando todo a su paso, y después, simplemente, desaparece.