Hace ya tres años de todo esto, que despacio pasa el tiempo cuando hay cargas a tu espalda. Cada día es un día más, ni mejor ni peor, simplemente uno más. Tres años, es la quinta parte de mi vida, y aquí estoy, escribiendo unas líneas, unas palabras con apenas sentido que no sé si alguien va a leer.
Parece mucho, pero en realidad no es nada, se hace largo por los interminables días, por las agónicas horas sentada en un banco mirando a la nada.
Ando y de repente me paro, como si mi cuerpo no quisiese responder o no supiese a donde iba, no sé cual debería ser mi próximo movimiento, no lo recuerdo. Todo viene dado del momento que estoy pasando, el miedo y el malestar general, el sentir que se te clavan las costillas al respirar. El velo de lágrimas, el sentimiento de derrota, eso es lo que más daño hace. La derrota y el vacío interior. Porque sabes que a nadie le importa, que nadie puede evitarlo. Y simplemente te resignas a seguir, porque sabes que no tienes otra opción.
¿Y si nada de esto termina? No, más bien, ¿Y si todo esto acaba conmigo? ¿Qué pasará entonces? ¿A cuanta gente le importará mi marcha? Irónico, ¿No creéis? Toda mi vida preocupándome por todos y ahora, cuando soy yo la que necesita ayuda, no hay nadie, ni un alma. Y es que alguien me dijo una vez - y qué razón tenía- que "nos vamos como hemos venidos, solos, sin nadie".
Y así van pasando los días, uno y otro, y otro más, uno menos si lo prefieres.