domingo, 24 de agosto de 2014

La línea de la sexta avenida.

Te conocí un viernes de primavera entre taburetes de un bar cuyo camarero siempre me sonreía al pasar a su lado. Que no era para menos pues, aunque tantos complejos, mis faldas no es que fuesen largas.

Y es que recuerdo perfectamente ir por verte hasta que dejaste de ir y comencé a ir por conocer el fondo de la botella. Y que no creas que no, que al final la conocí bien a fondo, conocí hasta a su hermana Gin, que debía estar enamorada del tequila porque mucho tequi.., pero te quiero no decía.


Pero el caso es que entre chupito y chupito las resacas del día siguiente eran bien jodidas y para pasar el dolor de cabeza recurría a más alcohol. Y para la segunda resaca volvía al bar para verte. Aunque todas las noches era la misma putada. Tu no aparecías y yo acababa con la borrachera del quince en la treinta y cuatro con Herald Square, junto al metro en el que nos dimos el primer beso, el cual recordaba cada cinco minutos, y con su recuerdo pedía una última copa. Y otra última después de la última, e iba empalmando una con otra hasta que cerraban el bar. 

Probablemente lo más jodido era despertarme a la mañana siguiente sin saber cómo había llegado a la cama. O no, a lo mejor era saber que estabas en otra cama que no era la mía. Tal vez el dolor de cabeza no era resaca si no ganas de tenerte cerca, o tal vez era pura soledad en contacto con la marihuana de buena mañana. No recuerdo una mierda, porque fueron demasiadas noches abrazada al vodka y con el piti en la mano, deseando una llamada que llevase tu nombre, con un perdón, o un te quiero, y una botella de ginebra de regalo. Por las molestias de tu ausencia, más que nada.

Eran todas las mañanas despertarme sola en la cama, con un hueco a mi lado perfectamente de tu medida, intentando recordar el sonido de tu voz, o de tu risa. Con la alfombra gris de ceniza, y colillas por el suelo con el rojo de tu carmín. Que sin venir a cuanto, pero aun lo guardo en el segundo cajón de mi mesilla. Esto de echarte de menos no rinde si no es mutuo. Y lo peor es que lo sabes, y aun sabiendo no me escribes.

Recuerda que aun sigo en la treinta y cuatro, en ese piso que alquilamos para comernos a besos, que no era de lujo, pero que para hacer la cama y deshacerla a los cinco minutos daba de sobra. Llama a la puerta, aun tengo tu rojo de labios.

sábado, 23 de agosto de 2014

Y a una mezcla de noches vacias

Los había jodidamente bonitos, pero tus ojos.., tus ojos eran otro puto rollo.
Eras como confundir a la aurora boreal con el arco iris, parecido en apariencia pero con otra física diferente.
Seguirás siendo la mirada más fría que quemaba con más ganas en la que nunca había vivido.
Y tus besos seguirán siendo esos de los que me colgaba de buenos días y de buenas noches.
Que no te engañen que no había punto de comparación. No era lo mismo el porro y sexo con otros que el sexo y porro contigo.
Ni el sexo sabia a sexo cuando rompiamos los muelles de la cama, ni el porro sabia a porro cuando fumabas en mi cama.
Algo así como comparar el helado de chocolate con el resto, todos están jodidamente ricos, pero el de chocolate les da mil vueltas a todos. Y eso se sabe aquí y en la China.
Pues igual pasaba contigo, con tus besos y caricias y con las noches de hacernos el amor.
Las putas noches de quedarme despierta para pensarte en silencio. Que para joderte en sueños prefería no joderte.
Y claro, ahora ya no estas, y las noches me saben a soledad y la ausencia de tu presencia me roba momentos de sueño. 
La cama me queda grande, y me falta alguien que me tire de la ropa.
Y si aun quieres saber algo, decirte que 
la gente lo sabia, sabian que no eras comparable a los demás ojos bonitos.

lunes, 11 de agosto de 2014

Y pasar el límite de echarte de menos

Y cuando partí, recordé que te echaba de menos. Fue entonces cuando la piel de gallina me dijo que no podría evitar llorar. 
Llorarte.

Creeme si te digo que dueles más de lo que nos gustaría. Que recuerdas al invierno en pleno verano.
Que la última calada de tus labios fueron lo más maravillosamente amargo que jamás había probado.
Y la última caricia que recibí fue la más dulce despedida que me han dado.
O la más salada a lo mejor. Salada por las lágrimas que derramé nada más despedirme y por las que ahora caen mientras escribo.
Y anoche al besarte y no querer soltar tu mano, te suplique entre pensamientos un quedate que no oíste.
Y te confesaré que no quiero que echarte de menos se vuelva rutina que luego acaba siento una espina que se clava.
Artista me llamas. Pero ya hemos hablado de esto.
El arte es todo eso acabado en 'te' que te hago.
Como la manera de en la distancia extrañarte, o de en la no distancia besarte.
Maneras en la distancia de la que siento que el aire se escabulle de mi. Y que echo de menos besarte con los pulmones a rebosar de humo.
O acariciarte o susurrarte o abrazarte por mi derecha. Y que conviertas mis puntos en comas o que me comas y punto.
Ahora es cuando te das cuenta que siempre me siento a tu derecha.
Y sonríes.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Drogas para matar

Aunque estemos en guerra seguiré haciéndote el amor hasta las tres de la mañana.
Aunque te odie siempre quedarán las ganas de amarte a la luz de las velas. De oírte gemir entre el tictac de las agujas del reloj.
Noches que duelen de la monotonía no escrita, y romper las reglas con besos y la cama con más besos.
Que escribirte a tientas en una oscuridad cuyo silencio duele empieza a ser rutina en un verano poco común.
Con más verde que chocolate para la depresion en estas noches de soledad inevitable.
Recorrer de memoria tus subidas y bajas, cada una de tus vertiginosas curvas. Subir a tu pecho y tirarme al vacío con la esperanza de morir en el intento.
Eras el amor en prosa ascética del siglo XVI.
Como todo lo bueno ocurrió que terminó.
Eras. En pasado y en mi memoria la rosa más bella que más espinas clavaba.
Que te has ido, y aunque espero que vuelvas te quiero bien lejos.