Me quedé con ganas de escribirte. Reconozco que te busco.
Desde el tuyo, los demás amores me saben a poco e incluso a mucho. Tanto que
empacha, y vuelvo a quedarme vacía. Hacia tiempo que quería escribir esta
carta, no había sido capaz de coger un bolígrafo y papel, y por primera vez
decirte adiós. Nunca habrá palabras suficientes para explicar lo mucho que echo
de menos cada segundo que pasamos juntos, pero tampoco puedo explicar todo el
daño que he sufrido por estar a tu lado. Si alguien tiene la culpa soy yo, por
permitirme el lujo de mantenerme impasible a todo cuanto ocurría. Por una parte
siento que todo lo que hice fue en vano, como si nada tuviese suficiente
importancia. Cada minuto junto a ti era más lento, me quedaba en esos momentos
y de ellos no salía. Necesito que me perdones, nunca dejaré de amar cada
caricia que me diste, o nuestros besos sobre la cama, pero ya nada es lo mismo.
Los cigarros se han consumido y los cafés enfriado. El verano ha acabado, y el
frío otoño comienza de nuevo. Tu sudadera ya no me abriga, ni tus besos me
estremecen. Echo de menos tu sonrisa bajo las sabanas de mi cama, y nuestras
risas a media noche. Hemos cambiado, puede que a mejor o puede que no. Pero
nadie podrá quitarnos todos esos momentos juntos, porque no, porque nos
pertenecen. Créeme al decir que nadie te amará como yo.
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