Hará casi dos meses que intento escribir esto, que intento sacar el valor de donde no lo hay para decir adiós; para pedir perdón, no compasión, pero si perdón. No espero que nadie me entienda, no espero que nadie me llore, no espero que mi muerte, vaya a cambiar nada. Si alguien sabe como ser feliz, que venga y me cuente el secreto, porque yo ya he tirado la toalla. He perdido las pocas esperanzas en la humanidad que tenía, he perdido todo cuanto tanto me había costado lograr. Ciertas personas, que llegan a tu vida y arrasan como el Vesubio arrasó Pompeya, que destruyen tu muralla, la que creías que era impenetrable, indestructible.
Siempre me he preguntado como viven felices los adultos, tantas responsabilidades, tantos problemas, tan poco tiempo, y tantas cosas por vivir. Tantas putadas, tantas lagrimas. Y yo, dieciséis años y ya estoy harta. Nunca le he encontrado sentido a eso de vivir; te pasas veintitrés años estudiando para luego trabajar durante cincuenta, o en su defecto, en paro. Te jubilas, con una pensión que apenas cubre tus necesidades básicas y tus medicinas. Mueres pues, como todos, infeliz.
Aún recuerdo como hace cinco, seis años, la voz de mi padre asegurando que acabaría trabajando en un motel de carretera, como yo detrás de la puerta lloraba, porque no era suficientemente buena para ellos, como sentía que su hija no era como ellos querían que fuese. Como sentía que no quería seguir decepcionando a la gente de mi alrededor. Pero pasaron los años y crecí, maduré, a lo mejor también me hice un poco más fuerte, a lo mejor también un poco más cabrona. Y casi a punto de cumplir los diecisiete, intento escribir mi despedida. No sé si con un adiós, un hasta luego, un perdón o un os quiero.
La única razón que me mantenía con vida era la duda de si realmente quería morir, o si solo buscaba que alguien se percatase de que yo, no estaba bien. Una niña con pensamientos suicidas, con lagrimas continuas en los ojos, e insultos propios. Nunca me he visto suficiente persona, ni suficiente buena, o a lo mejor lo que no soy es suficiente cabrona para matar a los demás y ser feliz yo. Que prefiero acabar con mi vida a seguir dando quebraderos de cabeza, que prefiero matar mis ilusiones, mis sentimientos y esperanzas antes que permitir que alguien muera por mi. No estoy diciendo que vaya a matarme ahora, ni mañana, a lo mejor tampoco la semana que viene, ni el mes próximo. Tal vez ni siquiera en este año, solo estoy diciendo que un día, el día que no haya ni un solo resquicio de amor u odio en mi, acabaré con mi vida. Tarde o temprano, pero al fin y al cabo acabaré.
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