domingo, 2 de febrero de 2014

Veinticuatro después y final

Y comencé a quererte, casi de la noche a la mañana, pero sin darme cuenta. Contando las horas para verte, ensayando una sonrisa antes de besarte, antes de hacerte el amor. Decir te quiero hace tiempo que dejo de ser lo mío, hace tiempo que deje de ser yo. Hasta que nos conocimos, hasta que decidí mandar todo a la mierda e intentar ser feliz. Hasta que me equivoqué.
Siempre dando pasos en falso, temiendo por mi estabilidad, por mi felicidad, hasta que llega alguien que me hace sonreír y como no, rompo lo que ambas construimos. Por quien lloro hasta quedarme dormida. Alguien, cuya distancia me mata, por quien quisiese parar el tiempo, o volver atrás unas semanas. Por quien escribo esto en silencio mientras dejo que mis lagrimas caigan. 
Hacía tanto tiempo que nadie me llenaba de tal forma, que nadie me hacia sonreír con un simple hola. Ni siquiera cobran sentido tantas lineas y tantas lágrimas, solo intento engañarme a mi misma diciendo que no duele, que no me importa. Que estoy bien. Pero como engañarme cuando por dentro siento un profundo dolor en el pecho, que me recuerda quien soy, quien era ella, y cuan mucho de menos la echo. Que un solo error puede pesar como doscientos a la espalda.
Dudo de corazón que vaya a leer una sola linea, dudo que mañana al despertarme tenga su mensaje de buenos días, dudo que decir que te quiero sirva de algo.

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