Y tras la primera noche en vela hubo una segunda, y después del primer amor, un segundo. Pero desde entonces nada había sido lo mismo y mi corazón ya no había vuelto a hacer caso a la razón.
Ya no había razones por las que coger aire después de una carcajada larga, ni razones por las que mantenerse sobria. No había razones por las que dejar la puerta entreabierta para ver si aparecias de madrugada robandome la manta. Ni razones por las que despertarme temprano un domingo, porque ya no había café recién hecho esperándome en la cocina ni tu voz dándome los buenos días.
Hacia ya semanas que se habia esfumado tu olor de mis sabanas, que ya ni me llamabas ni me amabas. Que parecías haberte olvidado completamente de mi. Hacia un par de meses que ya no encontraba tu ropa tirada por mi habitación, ni notas al pie de la cama deseandome un buen día, que te habías tenido que ir, por motivos personales. No había platos en el fregadero de la noche anterior, solo restos de comida precocinada en la encimera de la cocina. Ya no había nada tuyo entre mis cosas, ya no había razones por las que sonreír a media noche. Porque ya no estabas al otro lado de mi cama.
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