No soy fuerte, nunca lo he sido y no voy a empezar a serlo ahora. Ya no me importa el que dirán si parezco frágil o si me ven vulnerable. Todo eso dejo de importarme cuando entendí que esto no es ninguna mala racha, esto es mi vida, y seguirá siendo mía.
Necesito escapar de este infierno, dejar ese saco que cada día pesa más, que es una carga mayor y que apenas tengo fuerzas para mantenerme en pie con él. A lo largo del día lo único que quiero es llegar a casa, estar sola para poder llorar tranquila. Me tiembla el cuerpo aunque no haga frío, lloro sin motivo aparente, pero por dentro, por dentro soy un lio, soy un puto problema, estoy tan perdida que perderme un poco más ya no es motivo de desesperación. Duermo poco, descanso menos, pero al menos es una excusa válida para aquellos que preguntan que me pasa.
Ya no creo en nada, solo en hechos, todos esos que hoy han hecho de mí esto; Las noches llorando hasta las mil de la madrugada, las noches despierta, pensando en tu recuerdo. A todas esas personas que quisieron derrumbarme y no lo consiguieron, anunciarles, que ya no hace falta que nadie me ayude a caer más bajo, ya estoy enterrada bajo tierra. Todos esos que dijeron que no podría, un aplauso por favor, porque tenían razón, no pude y no podré en un futuro.
Camino por la calle mirando al suelo, tengo miedo que alguien rompa lo poco que queda intacto de mí.
¿Ese vacío que empece a sentir hace unos meses y desapareció? Es mi deber decir que nunca se fue, solo esperaba el momento oportuno de atacar. Y es este, y está aquí conmigo, mientras escribo llorando en silencio.
El simple hecho de respirar duele, saber que lo más probable es que mañana me levantaré de la cama me destruye.
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