Me despierto taquicárdica, empapada en sudor, la ropa pegada al cuerpo. Sus besos, sus caricias, esa marca en el cuello. Miro el reloj las cinco menos cuarto. Es increíble que después de todo el tiempo pasado mi cabeza siga pensando en él. Es algo raro, cada vez que le tengo cerca intento aprenderme cada parte de él, poder recordar su mirada para siempre, pero dos minutos después apenas puedo acordarme de su voz siquiera.
Sigo preguntándome, cada segundo del día, que fue lo que hizo que las cosas cambiarán. ¿Qué hice mal? ¿Por qué a partir de ese 16 de julio nada volvió a ser igual? He decidido que no voy a quedarme con la duda, no merece que me coma la cabeza por él. Si nos vemos le preguntaré todo aquello que nunca le pregunté. Y esperaré una respuesta, tanto tiempo como sea necesario.
Ha pasado una hora hasta darme cuenta de que la almohada está inundada de mis lágrimas. En estos momentos en lo que desearía sentirte junto a mí una vez más.
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