Estoy tumbada pensando en tí, escribiendo algo que no tiene ni pies ni cabeza, llorando cómo si no hubiese mañana. Algo fundamentado en paranoias y complejos.
Me miro al espejo y me pregunto cual ha sido mi error; seguir viviendo, o no haber sabido escoger mi camino con claridad. Si no estuviese aquí nada de esto ocurriría.
Cuando pienso que mis problemas no pueden ir a más, que todas las personas que me importan empiezan a ensombrecerse. Cuando creía que ya no podía arruinar nada más, cuando ya he aceptado que soy un desastre cómo persona, de esos grandes, me doy cuenta de que acabo de cometer el mayor desastre de mi vida. Sin lugar a dudas, el mayor fracaso de todos. Ninguno puede compararsele.
No puedo arreglarlo, porque no soy de esas chicas fuertes y valientes, que afrontan los problemas con la cabeza bien alta, soy más de esconderme bajo la mesa a llorar para que nadie me vea. No eres cobarde. Eres fuerte, yo lo sé. No, yo no soy fuerte, y sólo el más fuerte puede sobrevivir. He metido el cuerpo entero, hasta el cuello. Y ya no tengo fuerza alguna para salir.
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