domingo, 24 de febrero de 2013

Vieja loca la de los 50 gatos.


Y entonces lo lees y se te cae el mundo encima, con todo su peso, y tú que eres tan sumamente débil, acabas enterrada. Porque eres estúpida chica. Porque para todas aquellas personas que intentas ser importante no lo eres. No eres nadie. Y lo sabes.
Se te forma un nudo en la garganta, un agudo dolor en el estomago y en cero coma te cuenta de que estas llorando, no sabes porque, no sabes porque tiemblas aunque estas tapada hasta arriba de mantas. Sientes que el corazón te va a mil y que ni el alcohol ni los porros te afectan. Que la adrenalina que sientes en estos momentos es todo debido a lo que sientes y en el fondo quieres negar. Quiere arremeter contra todo, destrozarte los nudillos, quieres caer en coma y desaparecer por un tiempo. Quieres llorar hasta que salga el Sol, hasta que se ponga de nuevo.
Te miras al espejo y te vuelves a ver con el rimel corrido, como hace meses. Ya estas harta de todo y sobre todo de todos esos que dicen quererte. Te ahogas cuando respiras, cuando hablas. Cada segundo que pasas delante del espejo es un defecto más que te encuentras, y entonces preguntas en voz alta. "¿Quién coño va a querer a un desastre como este?". Y es verdad, lo sabes. Acabaras sola, sin familia, sin nadie que te quiera, sola en una casa con cincuenta gatos. Y así te ves dentro de 40 años, así te ven todos. 
La gente sólo se preocupa de ti cuando te ven llorar, cuando saben que hay algo grave, algún cotilleo que merezca la pena saber. Y sientes que toda esta mierda se te acumula encima y no puedes sentir nada más que dolor, no puedes respirar. 
Miras a tu alrededor y estas sola.

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