lunes, 16 de septiembre de 2013

Hasta con sangre en las lágrimas.

Quisiera ponerme a escribir y que las palabras brotasen solas, pero no es así, salen a trompicones, poco a poco, clavandose como puñales en la espalda. Quisiera saber que sentir o como actuar, venir con un manual de instrucciones, como los muebles del Ilea.
Llevo semanas sin pegar ojo, aun durmiendo nueve horas diarias.  Queriendo ahogarme en mis propias lágrimas sin llegar a soltar una. Con los nervios a flor de piel y con el filo de la cuchilla apretando mi muñeca. Enterrando mi ser medio desnudo entre las sábanas de una cama ajena.
Juraría haber creído oír tu voz, llamándome, suplicándome que volviese, y diciéndome que sin mi no eras nada. “Pobre loca, que cree oír voces, debería estar encerrada de por vida.” Yo me quede a medio camino de ser humana, me faltó el par necesario para, plantarle frente a la vida o bien suicidarme, y resulta que no soy capaz de elegir una sola opción. Estoy atrapada en un bucle repetitivo y monótono, cansino. Algo que duele por el simple hecho de respirar. Duele. Duele más tener que seguir viva que las heridas que yo misma me inflijo. Otra tarde gris de este mes de Septiembre, lluvia y apenas un par de días para cumplir los dieciséis. Otros año más para mis memorias, otro año, el peor año. Con más dolor que alegría. Con más lágrimas que sonrisas, con más cortes que pulseras. Y es que esta vida es muy puta, pero nadie tiene un par bien puesto, nadie se la ha follado aún.

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