jueves, 7 de marzo de 2013

Me hubiese encantado que te encantara

Siento un nudo en la boca del estómago, un agudo dolor de cabeza, y siento como ese cúmulo de sentimientos y emociones arremete contra mí. Intento evadirme, pensar en otras cosas, pero no puedo, las voces de mi cabeza no me lo permiten, están constantemente ahí hablándome, diciéndome lo estúpida e inútil que soy. Me tapo lo oídos en un intento por dejar de escucharlas, pero están dentro de mi, no puedo dejar de oírlas, de escucharlas. Cuanta más gente hay mas me agobio y empiezo a hiperventilar, respiro hondo, pero siento que se me consume el aire, me vuelvo histérica y no puedo pensar con claridad.
Me encierro en el baño, doy vueltas en círculos cual animal enjaulado. Me lavo la cara, me miro al espejo y hay están de nuevo esas lágrimas que afloran una detrás de otra. "No puedo más..." susurro en alto. Estoy sola, llorando y amoratándome los nudillos contra los fríos azulejos. Tengo todo el tiempo del mundo, nadie va a venir a buscarme, nadie se dará cuenta de que falto. Echo el pestillo y dejo que mi cuerpo resbale hasta el suelo, donde poder acurrucarme y llorar tranquila.
 
Necesito un poco de aire, de ese fresco y puro que te renueva por dentro. Necesito estar bien, no puedo con más discusiones o más caras amargas. No, ya no. Estoy harta, de que todo me salga del revés, de la forma que no debería salir.
Me dicen "Estas más apagada de lo normal, ¿Te ocurre algo?", ¿Y qué voy a decir? ¿Que no estoy bien, que quiero que la tierra me engulla, que no quiero seguir aquí soportando a tanto gilipollas? Es mucho más fácil decir que solo es cansancio, una mala noche.
Escribo encerrada, no quiero salir de aquí, no quiero toparme con la gente, no quiero sentir gente a mi alrededor. Lo que necesito es calor humano, dejar que el tiempo se pare y sentirme especial, pero aun que la mona se vista de seda, mona se queda. No pretendo ser algo que no soy, porque no, porque no merece la pena fingir.
 
A veces siento que no le importo a nadie, que para todo el mundo soy la última opción. Que yo estoy debajo de todo y de todos, que soy un obstáculo más en las vidas ajenas. Pero creo que no pido mucho, un poco de cariño, alguien que me quiera. No sé si llorar, reír, bailar, no sé. Estoy tan perdida y confusa, que todo se me hace mucho más monótono de lo que creo que en realidad es. Si de mí dependiese me escondería bajo la cama y no saldría en dos años. Odio ser tan cobarde, tener miedo a expresar lo que siento. Me di cuenta del tiempo perdido cuando todo terminó, pero dicen que donde hubo fuego quedan cenizas. Y es que tengo un miedo infinito a no ser suficientemente buena, atelofobia lo llaman.

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