lunes, 4 de marzo de 2013

Erase y ahí se quedo.

Me miro en el espejo una noche más, con los ojos llorosos, apunto de llorar pero sin fuerzas para hacerlo, sin ganas. Con una sonrisa que más que felicidad despacha tristeza, que intenta ocultar algo que no puede. La cabeza gacha, la mirada al suelo, perdida, con miedo de levantar la cabeza y encontrarme con los ojos de la gente. He llegado al extremo de sentirme sola a cada segundo que pasa, y cuanta más gente hay, más sola me siento. Quiero llorar pero no puedo, no tengo más lágrimas que derramar. He pasado de llorar sola, en mi cuarto encerrada, a llorar en cualquier parte sin importarme la gente que me mire. Tengo los pómulos rojos y el corazón a mil, siento que la sangre se me sale de las venas, el corazón en un puño. Respirar no me alivia, me oprime más aun, siento que me ahogo.
Dibujo líneas sin sentido en una hoja en blanco, la tinta corrida, finalmente estoy llorando, como cada noche. Pese a mis pocas ganas de llorar, la necesidad ha vencido. 
Si digo que el mundo estaría mejor sin mí es por algo, no hay cosa que se me de bien, nada que haya hecho merece la pena contar. Me deprimo con mis propios pensamientos, pues no quiero saber que pensará la gente de mí. Eres imbecil, estúpida, gilipollas. Dependes de todo el mundo, no sabes hacer nada sola, no eres nadie, acabaras muerta y nadie llorará tu muerte. No eres capaz de enfrentarte a tus miedos, ni de superar tus problemas sin ayuda. Amargo a la gente con tan sólo respirar. No puedo hablar, ni decir lo que siento, porque siento que si abro la boca la cago, que siempre tengo la culpa yo de todo. 
Soy más de actuar y luego pensar, cuando debería ser al revés, de pedir perdón aunque no haya razones, porque sé que tarde o temprano tendré que pedirlo. De pensar en negativo, de pensar en que si algo puede salir mal, saldrá mal. Me lio la manta en la cabeza cuando siquiera hay manta. "Edad de comerse el mundo y no la cabeza", a mi me come el mundo mientras me como la cabeza por paranoias mentales que no son buenas y no me llevan a ningún sitio. 
No sé cuando las cosas empezaron a ponerse tan cuesta arriba, no se cuando comencé a depender de tal manera como lo hago de la gente. Yo antes no era así, tal vez crecí y me dí cuenta de las cosas, si, creo que fue eso. Va a hacer cinco años desde que esta mala racha empezó, y dos desde que empeoró. Puede que no sea tan fuerte como me dice la gente que soy, que después de todo parece que son ellos los que están equivocados.

Intento esconder lo que siento, pero ni siquiera soy buena para eso.

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