Me tumbo en silencio, echa un ovillo en la cama, la manta hasta la cabeza y las lágrimas por mi rostro. Me aprieto con fuerza la muñeca y lloro aún más. Mi cabeza es un desastre, igual que yo. Sólo veo sangre, todo borroso, todo lleno de dolor. Resquebrajada por dentro, sin arreglo, y sin otro pensamiento en la cabeza que mi propio suicidio. ¿Qué narices estoy haciendo? ¿Cómo soluciono todo esto? No tengo respuestas a semejantes preguntas, soy como un barco a la deriva, donde el mar se enoja y comienza a encresparse.
Me ahogo con el aire, con mis lagrimas, con el simple hecho de pensar siento que me muero. Intento aparentar que puedo, que estoy bien, y que podré salir de esto. Pero pasan las horas y yo sólo puedo pensar en la ganas que tengo de saltar, de irme, de dejar de ser una cobarde.
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