Cada tic-tac del reloj es un segundo agónico. "Tic", pienso más en cosas que no tienen sentido, "tac", en personas que no saben que existo. Cuando alguien menciona tu nombre siento que las piernas no me sostienen, cuando pienso que si hubiese hecho algo diferente todo sería diferente. Esa sensación cuando pienso en todas esas cosas que no digo. Pero no, yo me lo callo y aguanto, sonrío y asiento, luego soy yo la mala, la falsa, la que pasa de todo el mundo y a quien no le importa nadie. Si tú supieses, pero resulta que jamas lo sabrás.
¿Pero sabes qué pasa? Que llega un momento que no puedes más. Que te sientes sola. Que quieres acabar con todo. Que no piensas. Que no puedes seguir así porque sabes que no vas a ninguna parte. Que llega un momento que las heridas no cicatrizan y éstas siguen sangrando sin parar.
Tocar fondo de una manera diferente cada vez, de que ya no sé que pensar de nadie, ni siquiera sé si puedo confiar en alguien. Si fingo es por cosas que aun sé que puedo esconder, fingir por miedo a perder a las personas que quiero y que realmente me importan, no por cosas que están perdidas. Estoy harta de sonreír tanto, me cuesta, me cansa, simplemente me agobia.
Pero resulta que siempre hay alguien que pregunta que me ocurre, que si estoy bien, si necesito ayuda, cada vez una persona diferente, y de pronto alguien que me ofrece una ayuda que sé que puede solucionarme, cerrar los ojos y dejarme arrastrar por lo que tenga que suceder.
Dicen que todo tiene un principio y como buena historia debe tener un final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario